ORÁN: Un secuestro narco, cocaína para el rescate y un militar al mando de una banda.

Sebastian Acosta | 28.5.19 |

La organización estaba manejada por un cabo primero que se dedicaba a “mejicanear” mercadería y droga a contrabandistas y traficantes de Orán.
Un allanamiento que generó sospechas y abrió una investigación que, a cada paso, encontró novedades importantes. Ocurrió el 18 de mayo, cuando una comisión de Gendarmería entró al Regimiento de Infantería de Monte N° 28 de Tartagal (Salta) y allanó la casa 12 del Cuartel B del Barrio Militar. 
El operativo fue ordenado por el juez federal de Orán Gustavo Montoya y el fiscal José Luis Bruno, en el marco de una causa que pinta el entramado narco en la frontera Noroeste.
Un día antes de ese allanamiento, había sido detenido un cabo primero del Ejército en una estación servicio de las afueras de Pichanal. 
Lo buscaban como el responsable de la logística del secuestro de un joven de 27 años, hermano menor de un narco muy conocido en la zona, ocurrido días atrás.
Pero en el transcurso de la investigación se descubrió que su negocio iba más allá: su banda se dedicaba a «mejicanear»mercadería y droga a contrabandistas y traficantes de Orán.
«Tenemos 15 para hacer esta noche. Tenemos que entrar al monte», le había dicho el cabo a uno de sus «colegas» en una conversación que fue tomada de una de las cuatro líneas intervenidas por la Justicia Federal luego del secuestro extorsivo.
Los teléfonos de la banda estaban siendo escuchados desde el 9 de mayo, día en el que el hermano y la esposa de un joven de 27 años se presentaron en la fiscalía federal de Orán para contar que éste había sido secuestrado y pedían rescate por su liberación.
El trasfondo narco del caso pronto quedó claro. El hermano de la víctima resultó ser un traficante conocido en la zona de frontera y los secuestradores le exigían la entrega de una gran cantidad de cocaína que, pensaban, éste se había robado de un colega.
Pero ni el dato era completamente cierto ni los secuestradores se sintieron seguros como para llegar hasta el final. «Largá a mi hermano, te equivocaste», le dijo el narco a uno de los secuestradores, a quien trato por el nombre.
Así, el joven de 27 años -que había sido llevado por un amigo «entregador» a la trampa donde lo capturaron- fue liberado en el Barrio San Juan (Orán), cerca de un basural. Lo habían golpeado durante nueve horas y en sus muñecas había marcas de haber estado atado con precintos.
Los secuestradores no sólo no cobraron el rescate sino que en ese mismo momento -según el seguimiento de las escuchas- se pusieron en campaña para esconderse de la venganza del narco al que habían ofendido. Su plan era llegar hasta Mendoza, donde ya se habían asegurado un aguantadero. Pero los cortaron antes.
«Mirá cumpa todo esto fue por la droga y te entrego quien ya le dijimos a peko en fin solo no metamos la ley por medio para n aya mas problemas la gente se pe (sic)», dice uno de los mensajes enviados por uno de los integrantes de la banda.
Según fuentes de Gendarmería, el cabo y sus compañeros -entre ellos su novia- «se dedicaba al robo (mejicaneo) de mercaderías (droga, hojas de coca, cigarrillos) en las localidades del Tartagal, Vespucio, Mosconi, Embarcación y Orán.
En total cinco personas fueron detenidas en dos tantas por gendarmes de la Unidad de Investigaciones de Delitos Complejos y Procedimientos Judiciales de Orán.
Según explicaron a Clarín fuentes judiciales, en Orán el «mejicaneo» es casi una industria: «No es un secreto para nadie. Una vez que la droga cruza la frontera no hay que dejarla dormir cerca de Orán, porque todo se sabe».
Para los narcos es tan peligroso que les caiga un allanamiento como un colega sin códigos.
Fuente: Clarín

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