ORAN TIERRA DE MILAGROS, DONDE LA COCAINA SE CONVIERNTE EN YESO.

Samuel Huerga | 12.9.18 | 0 comentarios

Por Samuel Huerga.
Reconocidos poetas de la ciudad que siempre soñaron con los idílicos valles del Zenta han derramado su tinta hablando de los azares y sus calles pintadas por la flor del Lapacho. En esa onda, la municipalidad de Orán se ha esforzado por instalar un slogan: Viva Orán, anunciar grandes obras y gobernar sobre una población sumisa y feliz.
Pero lo cierto es que ya no quedan naranjos que perfumen sus veredas, los arbolitos en pie son motivo de festejos, la muerte se multiplica en sus calles por dengue, abortos clandestinos, accidentes de tránsito, malas praxis en clínicas privadas u hospitales, droga, sicariatos, femicidios, violencia o alcoholismo. Todas estas causas completamente evitables.
La imagen puede contener: interior y comida
Pero a pesar de todo, Lara Gros insiste caprichosamente que Orán si es un “Lugar para Vivir”, lo cual puede ser perfectamente aplicable a narcos, corruptos y algunos jueces que por cierto viven muy bien.

La sociedad de Orán se va dividiendo cada vez más entre los que operan con el narcotráfico y los que sobreviven al margen de la ilegalidad. En esta ciudad lo más fácil es ser corrupto, ser narco que trabajador o ser ladrón gubernamental que ladrón de calle.
Sigmund Freud, padre del psicoanalisis dijo: “Cualquiera que despierto se comportase como lo hiciera en sueños sería tomado por loco” y debería agregarse que en Orán seria intendente, diputado, juez, comandante o comisario.
Es que las autoridades del Estado están todas locas o tas vez viviendo su sueño hecho realidad. Los narcos tienen tarifada su libertad como demostró el caso de Juez Reynoso, la droga secuestrada se convierte en yeso una y otra vez y encima es tomado como un hecho gracioso para los operadores de la prensa. Sicarios asesinan en plena vía pública y nadie sabe cómo sigue la investigación, Si buscan a una persona desaparecida, aparecen tres cuerpos NN cerca de los cañaverales y ríos de la zona. Incluso los desocupados dan gracias al contrabando de tener trabajo, ya no luchan por trabajo genuino, sino por trabajo ilegal. Para completarla, el gobierno municipal regentea la recaudación del comercio ilegal que alimenta una caja negra, para luego darse vuelta, ajustarse la corbata y cobrar impuestos sobrevaluados a los comerciantes legales. Todo realmente muy subrealista.
Todo se transforma.
Aquí todo se transforma, los campos de frutas y verduras se transformaron en cañaverales y miles quedaron sin trabajo, la selva y los montes en extensas hectáreas de soja y con ello llegaron las enfermedades, las obras publicas desaparecidas en suntuosas cuentas bancarias de los funcionarios, los jueces en narcos, los gendarmes en mulas y los policías en dealer, la cocaína en yeso, el niño en delincuente, el medico en mercader, la escuela en guardería, el hospital en cementerio, la municipalidad en aguantadero, el alcohol en agua, el cinismo en religión, el periodista en buffon y Viva Orán.
Como dijera Jacques Marie Lacan, médico psiquiatra francés: “Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época”.
El capitalismo no es más o menos salvaje, simplemente es capitalismo, todo tiene un precio, incluso capaz de transformar la droga en yeso. Para salir de este sueño convertido en pesadilla, de esta subjetividad de época, es preciso comprender que debemos barajar y dar de nuevo, poner en pie una rebelión popular y sacar de raíz lo que transforma el bien en mal.
Por tanto, a la tarea se acercan tres ideas: 1) Jueces electos por el voto popular, de esta manera juez que no funcione se va, ¿porque debe ser eterno un funcionario corrupto?. 2) Apertura de los libros de las comisarías y escuadrones de gendarmeráa bajo el control de los trabajadores, el pueblo debe saber cómo se utilizan los recursos del Estado y terminar con el monopolio de la fuerza pública. Finalmente 3) Nacionalizar la Banca, esto golpeará financieramente a los narcodolares que salen del país sin control.
Transformar la droga en yeso es un acto de corrupción edulcorado por la magia del capitalismo. Pero, transformar la sociedad es un acto de revolución, real y completamente necesario.

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