En Bermejo cobran un impuesto por cada uno de los 3.500 bultos de contrabando que cruza a la Argentina

Prensa | 21.5.18 |

La Alcaldía de Bermejo cobra un boliviano por cada uno de los 3.500 bultos de contrabando que cruza el río y tiene como destino Argentina 
 
 Se prepara para llevar 80 kilos en una bolsa de yute que será sujetada por su cabeza. Marco espera a los dueños de la mercadería para realizar su trabajo: pasar bultos al lado argentino por 10 bolivianos, aunque a veces cobra menos. Hace todos los días ese recorrido ilegal introduciendo mercadería desde Bermejo (Tarija) a la población argentina de Aguas Blancas. Tres policías miran a Marcos y a otros bagalleros y poco pueden hacer. Es más, la Gendarmería del vecino país también está atada de manos. Esto porque la Alcaldía de Bermejo decidió cobrar un boliviano por bulto, algo así como un impuesto para limpiar la zona. En la frontera lo ilícito ahora se convierte en legal.      

Marcos es parte de los 180 bagalleros que trabajan en la frontera entre Bermejo (Bolivia) y Aguas Blancas (Argentina). Acomoda la mercadería en el lado boliviano en un gran bulto y la traspasa en una embarcación precaria hecha con neumáticos y madera. Al frente sujeta la bolsa con su cabeza y trota en medio de la vegetación. Son diez minutos a pie para llegar a Aguas Blancas, donde la mercadería se reparte a varias ciudades de la vecina nación, incluso la capital Buenos Aires. 
En el lado boliviano, tres funcionarios de la Alcaldía de Bermejo transforman lo ilícito en lo legal. Cobran a los dueños de la mercadería un boliviano por bulto que pasa a Argentina. Al día, según estimaciones de los bagalleros, pasan más de 3.500 bultos, por lo que habría una ganancia igual. El municipio informa que esos recursos recaudados son destinados a la limpieza del lugar. 

En la zona fronteriza hay tres tipos de trabajadores. Los que empaquetan los bultos; los bagalleros, que trasladan la mercadería que llega especialmente de Perú y de Chile; y los gomones, quienes son dueños de las embarcaciones ocasionales. Son los primeros quienes despojan la mercadería de sus paquetes originales. Esto lo hacen para ingresar más productos en las lonas. Ellos dejan cajas, plásticos y bolsas en las orillas. Por lo general se introduce a Argentina ropa y zapatillas.
El director de Ingresos del municipio de Bermejo, Ricardo Aramayo, admite el cobro, que es realizado por la Dirección de Medio Ambiente, y señala que fue coordinado con  empaquetadores, bagalleros y gomones.
“Ese dinero es destinado para la limpieza del lugar. Al finalizar la tarde esa área queda totalmente inundada de desechos que dejan. Sobre todo cajas y bolsas de la mercadería que pasa a Argentina”, remarca Aramayo. 

La concejala Rosmery Escalante cuestiona ese cobro por realizarlo en un paso fronterizo ilegal. Dice que solicitó al alcalde de Bermejo, Delfor Burgos, un informe para que demuestre dónde van esos ingresos. “Nos parece un acto abusivo. Cobrar un boliviano por bulto y no saber dónde están esos recursos. Y lo peor es que el cobro se lo hace en un paso ilegal”, protesta.    
Los funcionarios de la Alcaldía de Bermejo entregan un boleto a los dueños de la mercadería. El papel tiene el escudo de la ciudad y dice: “Tasa de Aseo Urbano”. Tiene número correlativo y en su pie anuncia la Ley No. 755 y la Ordenanza Municipal 010/1998. Ambas normativas se aprobaron para la gestión integral de residuos.     

Al frente

En Aguas Blancas ese cobro no pasó inadvertido. Diego Guzmán es el representante de los taxistas del poblado argentino, pero también es un político miembro del partido del presidente argentino, Mauricio Macri. El dirigente tiene una visión tibia de este caso. Por un lado la aplaude, porque se estaría legalizando el trabajo de los bagalleros, pero por otra parte dice que también se legalizaría el contrabando e incluso el narcotráfico. 

“En Aguas Blancas no hay trabajo y a la gente no le queda otra que trabajar en el transporte de la mercadería, en el bagallo, como le decimos comúnmente. Reconocemos, el Gobierno de la nación argentina reconoce que esta actividad genera trabajo, por lo consiguiente ha tomado la decisión de regularizar, no de cortarla”, detalla Guzmán. 

Similar posición tiene el concejal bermejeño José Luis Morales, quien detalla que ‘los gomones’ no es un puerto habilitado; sin embargo, hacen pasar mercadería que sería ilegal.

“Es ilegal hacer pasar mercadería, es un tema especial, porque es el sustento de muchísimas familias no solo en Argentina, sino también en Bolivia”, afirma.

Cien metros arriba está el paso oficial. Es conocido como Chalanas y donde pequeñas embarcaciones prestan sus servicios para el paso de personas, pero también de mercadería. En ese lugar la Alcaldía de Bermejo no cobra ningún tipo de tributo. El pago se hace a sindicatos que son ayudados por efectivos de la Armada. Para cruzar a Aguas Blancas se paga 2,5 bolivianos, pero el retorno es el doble y lo cobra el sindicato argentino: cinco bolivianos. 

En este paso hay control migratorio y de Aduanas, aunque son pocos los que pasan por ahí. Muchos se desvían a los pasos ilegales, que son dos en medio de la espesa vegetación.

Alejandro es argentino, de padres bolivianos. Nació y vive en Orán. Tiene 20 años. No conoce la universidad y dice que le faltan dos periodos para acabar el bachillerato. Ayuda a sus padres trabajando como bagallero, pero tiene la firme intención de regresar a los estudios. Ve la situación económica difícil y dice que el trabajo de bagallero es una “muy opción” para ganar dinero. Sus tatuajes lo delatan. Es hincha de Boca Juniors, club de fútbol argentino. Habla unos cuantos minutos. Dice que no hay tiempo que perder. “El dinero se va, loco”. Se levanta, toma su refresco y regresa a la zona ilegal. 

“A nosotros poco nos interesa si cobran o no. Quizá ese cobro disminuya (el paso de mercadería), ahí recién nos preocupamos, pero sabemos que están cobrando hace un buen tiempo. Pero el trabajo nuestro sigue igual, no cambió”, dice Alejandro.      

Varinia se dedica a empacar la mercadería. Tiene un estilete y cinta adhesiva como principales herramientas de trabajo. Espera que el dueño de mercadería llegue a la zona para poder hacer su trabajo. Es martes y su primer cliente llega. Tiene 50 cajas de zapatillas para ingresar a Argentina. Varinia desecha las cajas y las deja en la playa. Reúne las zapatillas y las pega con la cinta. Luego reúne la mercadería e introduce en el bulto, que minutos después van a las manos de los bagalleros.

Cae la tarde en Bermejo y el cansancio en la frontera se nota. Alejandro cuenta el dinero. Ganó 200 bolivianos por meter 20 bultos. Se alegra y se va a Orán. Varinia cobra cinco bolivianos por empaquetar un bulto. Ese día recaudó cerca de Bs 100. La oscuridad se adueña de la zona y los negocios van cerrando. La basura queda y no hay ningún funcionario edil de limpieza que recoja las cajas y bolsas. 


Próxima medida
Aramayo justifica y dice que ese trabajo se realiza en la madrugada. “Si vamos temprano no hay basura, todos los residuos son recolectados temprano”, dice. El funcionario adelanta que “pronto” la Alcaldía de Bermejo rendirá un informe sobre este cobro, que, según él, solo tiene la finalidad de dejar limpia la zona. Pero también menciona que en un futuro se cobrará, junto a la Aduana Nacional, 10 bolivianos por el paso de vehículos en el puente internacional que divide a Argentina y a Bolivia. El ingreso será para limpiar todo el paso fronterizo.

Por ahora el cobro se da con intervalos. Los funcionarios de la Alcaldía de Bermejo no tienen un horario fijo. María mete mercadería a Argentina y dice que los cobradores llegan “cuando quieren” y que el control es nulo. “No sabemos si es legal, pero a veces se paran acá (en la playa) y cobran. No queda otra que pagar”, relata. 


Los funcionarios ediles están con chalecos amarillos. Detrás tienen el título de la Alcaldía de Bermejo. Agarran los talonarios y buscan a los dueños que pasan la mercadería. Son tres. Caminan por toda la zona y tratan de cubrir a todos los dueños. No quieren hablar y solo dicen que hacen un trabajo instruido por el municipio.

Afuera también cobran por el parqueo. Los comerciantes llegan en sus vehículos y tienen que pagar cinco bolivianos por el estacionamiento. El negocio en la frontera no duerme. 


Se va rumbo a La Salada
La mercadería que se alista en Bermejo llega a la feria más grande de Argentina, que es La Salada, en la capital de la vecina nación. La demanda creció por el tipo de cambio del peso argentigo

Será un viaje duro y largo. María se prepara para meter mercadería hasta Buenos Aires, capital de Argentina. Es un reto, dice, pero lo hace por más de cinco años. Su mercadería no pasa inadvertida. Son zapatillas de marca y tienen que llegar a las ferias principales del vecino país. Uno de ellos es La Salada, uno de los principales mercados negros de América Latina. 
María espera que empaquen su mercadería. Ella calcula. Son como 200 kilos de zapatillas. Pero también admite que no son originales, pero dice que son de segunda mano, muy parecidas a los modelos. 
Esto debe llegar hasta Buenos Aires. A la feria de La Salada. Ahí se vende bien, pero hay que hacer todo un proceso para llegar a ese lugar”, relata María. 
Ese periplo empieza en Bermejo. Aunque su mercadería llega de Oruro, ella la recibe en la ciudad tarijeña. La introduce con los bagalleros y llega a Aguas Blancas, la primera ciudad argentina. Luego se va hasta Orán y de ahí toda la mercadería boliviana se desvía por diferentes rumbos. 19 horas tardará María en llegar hasta Bueno Aires, si es que la Gendarmería del vecino país no obstruye su cometido, algo que no pasa regularmente, relata. 
En el distrito de Lomas de Zamora, en Buenos Aires, se levanta el mercado negro más grande de América Latina. Es ahí el objetivo de María. No es complicado, dice. Aunque a veces tuvo que sufrir decomisos por parte de la Aduana de Argentina, pero por lo general, dice, su mercadería llega “tranquila” a uno de los 40.000 puestos de venta de la feria. 

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