En vísperas de 2018 hay que realizar el perdón de fin de año

Periodistas | 30.12.17 |

Tirar objetos en desuso, correr muebles y limpiar cada rincón del hogar, preparar una extensa mesa con comida abundante. Al 31 de diciembre se asocian muchas acciones, pero hay una que resulta menos común de lo que debiera: el perdón. Remitir la pena merecida, la ofensa recibida y las deudas pendientes. La indulgencia es el más preciado de los regalos porque, en palabras de William Shakespeare, “el perdón cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra. Es dos veces bendito: bendice al que lo da y al que lo recibe”. 
Rubén Cedeño -conferencista internacional venezolano y discípulo de la maestra Conny Méndez- en su libro “Espíritu de la Navidad” (2016) aconseja que minutos antes de que termine el año es menester “perdonar, trasmutar y disolver lo nocivo del año que se termina. Si uno celebra lo bueno sin redimir las cosas negativas tales como odios, rencores y situaciones difíciles que hemos vivido, esa alegría se disuelve fácilmente, y como el espíritu de la Navidad es una energía de mente y sentimientos tan delicada se puede esfumar con nuestra negatividad. Por eso es tan necesario el perdón de fin de año”. 
Seguidora de su línea pedagógica, la facilitadora de la Escuela Metafísica de Salta Zulma Valfré explicó a El Tribuno que al terminar un año es importante tomar conciencia de los procesos vividos, con el objeto de generar un comienzo distinto si el balance que se ha efectuado no dio positivo o potenciar y continuar el crecimiento si los procesos que se vienen desarrollando son productivos.
De acuerdo con Valfré, la actividad del perdón es “una toma de conciencia, una evaluación y limpieza interna, un ‘borrón y cuenta nueva’ como comúnmente se dice. Por medio de decretos (oraciones afirmativas) ordenados para tal fin, se realiza este ejercicio para ayudar a nuestra mente y corazón a dirigir y sostener únicamente lo que suma y construye una vida sana y con belleza”. 
La oración manifiesta sentencias como la siguiente: “Perdono de corazón y olvido para siempre todo disgusto, agravio, deuda, desamor, irritabilidad, agresión, traición, maledicencia y odio que me haya causado cualquier ser humano, situación o cosa”. Incluso resulta llamativa porque propone dejar ir “sin reclamarles nada, dándoles la plenitud de mi amor, para bendecirlas y prosperarlas dondequiera que se hayan ido y donde estén” a aquellas personas que se hayan distanciado de nuestro círculo de amigos o trabajo. Esto es así porque “ayuda a establecer con claridad nuestros objetivos y concentrarnos en acciones altruistas, con proyección hacia lo inegoísta y mancomunado. Nuestras carencias y los miedos suelen impedirnos ver las posibilidades infinitas de cambio que cada ser humano posee”. Así, de acuerdo con este razonamiento, liberarnos de la pesada carga de la culpa y perdonar profundamente y de corazón puede convertir la vida de cada cual instantáneamente. “Solo debo comenzar a ser consciente de que la realidad forma parte de mi propia creación y no de algo fortuito. Los cambios solo prosperan a través de mi buena voluntad y entusiasmo por hacerlos”, definió. Zulma acotó que el ejercicio conlleva reunidos decretos que invocan y resumen toda negatividad que se pueda haber vivido en el año que finaliza, la bronca, la falta de fe, el temor y las peleas para borrarlas, limpiarlas y reemplazarlas por la luz divina. 
También recomendó un detalle importante: “Para perdonarme y perdonar, dando paso a lo bueno debo tener presente siempre el invocar para todo el mundo, no solo para mí. Como son momentos de balance, nunca debo detenerme en cosas que forman parte del pasado, hayan sido buenas o malas, ya que la sola actitud de apego o rechazo llevará mi atención hacia situaciones que distraen mis energías necesarias para el ímpetu en lo nuevo por venir”. 
Introspección
De acuerdo con Valfré, minutos antes de finalizar el año debemos tomarnos un tiempo en silencio y si estamos en una fiesta hacer un alto para realizar el perdón de fin de año, para no arrastrar negatividad hacia el año que se inicia. Es tiempo de la cosecha espiritual o la recolección de la energía de lo positivo que hemos realizado durante el año en beneficio de los demás. Se lo ofrecemos a Dios para que lo guarde como nuestro haber espiritual. 
A la medianoche se deben planificar las actividades del próximo año de acuerdo con los siete aspectos de Dios (luz, buena voluntad, sabiduría, amor divino, pureza, salud, opulencia y perdón y amor compasivo). Además de la actividad del perdón, ellos se reúnen para hacer una meditación con la que reciben al espíritu envolvente. Espíritu envolvente es un ser de luz que durante un año en especial le ofrece a la tierra un regalo de su aura con la radiación de uno de los siete aspectos de Dios para beneficiar a la raza humana en su evolución. Entra cada año a la 0 hora entre el 31 de diciembre y el 1 de enero, y cubre la tierra. Según la metafísica esta influencia se siente en la tierra por señales externas como películas, canciones que se graban, sucesos positivos e influyentes que se relacionan con el espíritu envolvente y su beneficio lo recibe todo el mundo, sea espiritual o no. El de 2018 es el maestro cósmico Sanat Kumara.
 

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