Echan a la Ministra de Salud del Chaco por cumplir con su deber

Periodistas | 7.12.17 |

Quien haya tomado la decisión de echar a la ministra Crespo por haber hecho lo único que podía hacer en una situación semejante a la que tuvo que enfrentar en Salta hace pocos días, es un monstruo, mucho más cruel y desalmado que aquel que acabó a tiros con la vida de su esposa.

Hoy se ha conocido la noticia de que la doctora Mariel Crespo, médica de profesión, se ha visto obligada a dejar su cargo de Ministra de Salud de la Provincia del Chaco, como represalia a su gesto de auxiliar a una persona gravemente accidentada en territorio salteño, de la que se sospecha es autora de un horrible crimen.

En el momento de prestar su auxilio, Crespo no sabía ni tenía motivos para saber que la víctima del accidente era una persona que, pocas horas antes, había acabado a tiros con la vida de su esposa.

Pero si la ministra hubiera sabido este dato, ¿habría sido legítimo que le negara su auxilio a la persona accidentada?

La respuesta a este interrogante es más jurídica que moral.

Aun en el caso de que a la ministra le constara de forma fehaciente que la persona gravemente herida a la que prestó asistencia en realidad intentaba suicidarse tras haber dado muerte a su esposa, el juramento hipocrático le impone el deber de «ir por el beneficio de los enfermos», absteniéndose de todo error voluntario y corrupción. Omitir el auxilio a un enfermo que no puede valerse por sí mismo y está en peligro inminente de muerte es un hecho de corrupción.

Si a las personas que han cometido un crimen, o lo acaban de cometer, se las tuviera que dejar libradas a su suerte cuando están en peligro de muerte, sería lógico también que se suprimieran las enfermerías y los servicios médicos de las cárceles y los juzgados, para que los reos -sean o no culpables- sufran y mueran de padecimientos horribles. Pero esto, afortunadamente, no sucede.

Los médicos -independientemente de su adscripción o compromiso político- deben asistir a los enfermos por el solo hecho de estar enfermos, sin reparar en el hecho de que estas personas sean o no «sujetos condenables», como irresponsablemente dice la prensa.

Por otro lado, el artículo 106 del Código Penal argentino reprime con penas de hasta 15 años de prisión a quien pusiere en peligro la vida o la salud de otro, sea colocándolo en situación de desamparo, sea abandonando a su suerte a una persona incapaz de valerse y a la que deba mantener o cuidar o a la que el mismo autor haya incapacitado.

En este caso, la ministra Crespo, por su condición de médica no podría haber abandonado jamás a su suerte a la persona accidentada, ni aun en el caso de que esta estuviera considerada un criminal abominable y tal consideración fuese conocida por todos. Bastaba para hacer legítimo el auxilio que la vida de esta persona se encontrase en peligro y que la ministra estuviera en posesión de conocimientos suficientes para prestarle los cuidados que el caso requería.

Dicho en otras palabras, que si la señora Crespo -hoy ya exministra- no se hubiera detenido y auxiliado a la persona accidentada, ella habría cometido un delito grave, mucho más grave que la supuesta falta moral de auxiliar a un asesino.

De lo anterior se infiere que, al haber obrado según la ley, ninguna consecuencia jurídica negativa puede derivarse de su actitud. Ni un castigo penal, ni una sanción administrativa, ni un reproche corporativo. Por tanto, tampoco una censura social.

Quienes por estas horas aplauden a rabiar el cese de la ministra Crespo, por considerar que obró mal al auxiliar a una persona que acababa de cometer un crimen, en realidad desprecian tanto la vida humana como la presunción de inocencia y los derechos fundamentales de las personas, puesto que el accidentado -ya fallecido- conservaba en el momento del accidente su condición de presunto inocente, al no haber sido pronunciada contra él ninguna sentencia firme.

Por tanto, el cese de Mariel Crespo por las razones que comentamos es un acto profundamente inmoral y políticamente reprochable. A nadie se le puede castigar por cumplir con su deber, aunque este deber sea, como en este caso, amargo y difícil de cumplir.

Cualesquiera hayan sido las motivaciones de la exministra para detener su vehículo y auxiliar a una persona en peligro, hay que saber que su actuación no solo supone cumplir con un simple deber de conciencia sino el cumplimiento regular de las normas que rigen y ordenan nuestra convivencia civilizada. Hay que recordar que el asesinato de una mujer en la Argentina, cuando es el resultado del ejercicio de la violencia machista, siendo un hecho repugnante y bárbaro, está castigado por nuestras leyes con la prisión perpetua, no con la pena de muerte.

Ninguna norma, ni moral ni jurídica, dice que se deba dejar morir a los asesinos que tras matar a sus parejas intentan suicidarse. Si tal norma existiera, la degradación moral de la sociedad no tendría límites y los médicos, a los que los seres humanos debemos tanto, pasarían a convertirse de servidores públicos y jurados protectores de nuestras vidas en malvados ejecutores de sentencias jamás pronunciadas.

Quien haya tomado la decisión de echar a la ministra Crespo por haber hecho lo único que podía hacer en una situación como la que tuvo que enfrentar los pasados días en Salta, es un monstruo, mucho más cruel y desalmado que aquel que acabó a tiros con la vida de su esposa.


FUENTE: http://noticias.iruya.com/a/sociedad/mujer/29334-echan-a-la-ministra-de-salud-del-chaco-por-cumplir-con-su-deber.html

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