Había hijos y entenados, dijo Arancibia en el juicio a Reynoso

Periodistas | 7.11.17 |

El testimonio 13 en lo que va del juicio que se sigue en contra del ex juez federal Raúl Reynoso correspondió al abogado penalista Marcelo Arancibia, quien dijo “en el Juzgado Federal de Orán había hijos y entenados”.

De esta manera dejó  asentado que el trato de un abogado a otro era diferenciado. Todo esto de la mano en relación a que el propio ex juez era quien determinaba quien del juzgado tomaba cada caso. Arancibia fue citado a testificar luego que Iván Cabezas, su cliente, lo mencionara como el letrado que estuvo al tanto del “pago que hizo su esposa por su libertad”, al momento de estar frente al Tribunal Oral Federal Sala I.
“Cuando Silvana, la esposa de Cabezas, me dijo que querían pagar para que Iván obtuviera la libertad, yo me opuse porque no había ningún motivo para que estuviera preso”, dijo Arancibia.
El abogado sostuvo además que fue muy engorroso poder acceder al expediente de Cabezas, “me demoraron bastante tiempo porque decían que no lo encontraban, y cuando lo leí pedí las actas de secuestro y no existían. Mi cliente tenía una carátula extensa por evasión impositiva agravada, contrabando de divisas y narcotráfico. Y lo único que se le encontraron fueron siete porros, que reconoció eran de él porque cuando iba de pesca a veces fumaba”.
Arancibia pedía que le muestren algo del secuestro, y no existía nada. Más allá de los siete cigarrillos de marihuana.
Eso denota que la instrucción estaba carente de pruebas.
Cabezas estuvo detenido varios meses, primero en el Escuadrón 20 de Gendarmería y luego en el penal de Güemes. Traslado que agravó el ánimo de su cliente, “no había nada para que esté detenido Iván Cabezas, y la resolución de la Cámara de Apelaciones de Salta falló en ese sentido”, definió Arancibia que se trató de un atropello.
La carátula tenía su eje central en una supuesta denuncia de la AFIP por evasión, que no correspondía si se tiene en cuenta que Cabezas estaba cumpliendo con un plan de pagos.
Las transacciones
De acuerdo a lo testimoniado por el abogado, el pedido de dinero fue a través de una persona, el boxeador Caribe Aquino, del que no recordaba el apodo mencionándolo como Katinga o Katanga. La esposa y hermana de Cabezas se determinaron en que iban a pagar cuando Iván fue trasladado a Güemes; la cifra abonada fue de 100 mil pesos.
“No solo yo me enojé y me retiré de la causa, sino que mi propio cliente se enojó con Silvina, ya que el entendía que no tenía nada que esconder”, de esta forma y en todos sus dichos Arancibia coincidió con el testimonio de Cabezas.
Varios puntos salieron a la luz con el testimonio de Arancibia, ya que además de quedar en claro que Cabezas y otros matarifes estuvieron detenidos sin un motivo puntual, se expuso también el trato diferencial para con algunos abogados  dentro del juzgado, donde por ejemplo uno de los coimputados de Cabezas, Pablo Meneses,obtuvo la libertad luego de pagar, sin que su defensora, la abogada también acusada en el juicio con Reynoso, Maria Elena Esper hubiera presentado el pedido de excarcelación.
Luego del testimonio de Arancibia el fiscal Carlos Martín Amad solicitó se cite a declarar a la esposa de Cabezas, Silvina, y a su hermana Viviana Cabezas, para que amplien detalles de la entrega del dinero.
Primer sueldo
Era una costumbre que cada vez que ingresaba un empleado Reynoso le indicaba que debía pagar un asado. Así lo recordaron María Alejandra Yampotis y  Puig, algo a lo que no siempre podían acceder. También le solicitó a Puig tres cartas de presentación. Lo que sirvió para que cuando ingresó Reynoso se comunicara con los remitentes y les indicara que su recomendado había ingresado.
“Un temor reverencial”
Declararon ayer cuatro abogados, dos empleados del Juzgado y la hermana de uno de ellos, dos empleados, Maria Alejandra Yampotis y Juan Manuel Puig, el jefe de despacho.
Yampotis definió que el clima dentro del juzgado era complicado, “nadie podía contrariarlo en sus opiniones, existía un temor reverencial, era autoritario”, dijo.
Inclusive cuando la funcionaria, quien ahora es secretaria, inició una relación sentimental con quien luego se convertiría en su marido, Reynoso le llegó a decir “si continúa con esa relación nunca va a llegar a secretaria”, y así fue ya que recién fue ascendida cuando Gustavo Montoya se hizo cargo del juzgado.
“Por la causa de Cabezas una vez me pidieron mi opinión, porque yo estaba en Civil, y yo manifesté que no existían motivos para procesarlo, y el doctor Raúl Reynoso dijo que debía ser evasión agravada”, recordó.
Puig coincidió sobre el clima laboral al que definió como síndrome de Estocolmo, “las advertencias que me hicieron mis compañeros cuando ingresé denotaban que era una persona autoritaria, sin embargo también me lo mencionaban como un excelente profesional, por eso no entendía, ya que había malos tratos y se descalificaba todo el tiempo a todos”.
Puig reconoció que fue ascendido por Reynoso. Ambos dijeron que se sintieron amenazados ya que debieron tener custodia, porque un hombre -Dante Salazar- cercano a Reynoso, siempre aparecía en los lugares habituales de concurrencia de los matrimonios.
“Nos dijo en la última reunión que los que testimoniaron en la investigación eran traidores y que no iban a tener una vida fácil, además, cuando ya fue detenido el ex juez, la hermana iba por el juzgado y quería saber movimientos de las personas, bajo la consigna que quería llevarle chusmeríos a la cárcel”, dijo Puig.

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