Vive en la plaza tras denunciar a su marido por abusar de su hija

Periodistas | 20.4.17 |

Su pareja no es el padre de la niña. Su suegra la echó al enterarse que dio parte a la Justicia.La nena de 9 años lo confesó. El forense policial no quiso revisarla; en la OVIF tampoco.

Protegida por la maleza y los árboles de un espacio verde, María Pamela E. y sus tres pequeños hijos pasaron ayer otra jornada de un asilo forzado en una plaza pública del barrio Solís Pizarro, tras ser echados de su domicilio de calle Los Halcones y Gavilanes por su exsuegra, horas después de que la mujer denunciara a su expareja por el abuso de su hija de 9 años.
María Pamela relató que apenas pudo salir con lo puesto, ya que su exsuegra la amenazó con lo peor por haber delatado la faceta más cruel de su expareja, la de ser un abusador serial de niños. "Yo hace dos meses me separé de él porque no trabajaba, era cruel con los niños y porque se gastaba todo el dinero de las asignaciones universales nacionales. Yo me ganaba el sustento de mis hijos trabajando en una verdulería, pero este sujeto estaba abusando de mi hija mayor de 9 años desde hacía mucho tiempo", contó.
"Caí en cuenta cuando comencé a encontrar la ropa interior de mi hija muy húmeda, como si ella no pudiera dominar sus esfínteres. Yo le pregunté una y otra vez qué le pasaba y se ponía a llorar. Entonces aparecía él y la amenazaba con una varilla diciéndole "eso aprendés en la escuela'", recordó la mujer. "El último lunes me puse firme y le pregunté hasta que me dijo que Rodrigo Emanuel V. (profesor de danzas folclóricas) la estaba abusando. Me contó todo (se pone a llorar) y entonces Rodrigo, que estaba presente me quitó a su hija de 7 meses y se encerró en la pieza y me dijo que se iba a cortar las venas si lo denunciaba", dijo, y agregó: "Puedo soportar la más terrible pobreza, porque la verdad no tengo nada, ni siquiera un lote. Puedo someterme a su maldad cotidiana y a su vagancia viciosa y crónica pero no puedo soportar que sus desvíos sexuales terminen con mis hijos. No pude, no pude resistirlo (llora) y por eso lo denuncié".
"Mi hijo de seis años me contó que cuando él los llevaba a la escuela, porque van en el turno intermedio, los llevaba por el monte cercano al río Arenales, lo dejaba a mi hijo de seis años cuidando las mochilas y se internaba con la nena en los yuyales", explicó María Pamela.
"Todavía eso. Luego de mi denuncia me enviaron junto a mi hija a la revisión médica con el forense de la Policía. Cuando el médico la vio, la comenzó a examinar pero no pudo llegar a sus partes íntimas porque se puso a llorar. Entonces el médico dijo delante mío "así no voy a trabajar, si ella no colabora', y se fue. En mi desesperación no sabía qué hacer, así que volví a mi casa donde hallé a mi exsuegra furiosa, rodeada de policías, a quienes vapuleó como quiso y me trató de lo peor a mí. Defendió a su hijo y me echó de su casa, a pesar de que la construcción donde vivíamos junto a su hijo la realizamos con Rodrigo, pero con el dinero de los planes y la verdulería", afirmó.
"Me quedé en la calle y así estuve hasta que esa mañana vino un patrullero y me llevó a la OVIF (Oficina de Violencia Familiar), allí me atendió una doctora, y comenzó a revisarla de nuevo pero mi hija comenzó a llorar de nuevo y se hizo insostenible, la doctora se sacó los guantes y se fue. Y así están las cosas, yo desesperada y en la calle y mis hijos sin comer y sin poder ir a la escuela, porque aquí en la plaza no tengo nada más que el calor de los vecinos", afirmó agradecida a ellos.
El martes a la noche, ella estaba desesperada de frío. Una vecina llamó al abogado Rodrigo Escovar, quien de oficio y ad honórem, fue a la Policía y solicitó la detención del acusado y una consigna para que María Pamela pudiera regresar a su casa, tras las amenazas de su exsuegra y de su hijo.
"Así pasé la noche, sin agua y sin luz porque esta mujer me la cortó, con un guardia en la puerta, quien a las 7 de hoy (por ayer) me dijo que me retirara junto a él, porque no tenía relevo. Desde entonces volví a la intemperie, esperando no sé qué, mis hijos sin comer y mis pocas pertenencias a la de Dios. Triste, me siento, triste de ser mujer y tan pobre. Pero no me arrepiento de haberle puesto punto final a un depravado serial que abusó de muchos aquí en Solís Pizarro", afirmó.
Ya estuvo preso por un hecho similar 
Un grupo de vecinas de Solís Pizarro se llegaron ayer al espacio verde donde acuartelaron pobreza, dolor y la impotencia de una mujer y sus tres hijos para brindarles agua caliente para la mamadera, un poco de guiso para los más chicos y calor de madre para esta mujer vencida en los laberintos de la burocracia judicial. 
“Vinimos no solo para rubricar la verdad de los hechos sino para darle aliento a ella, que sostuvo a ese vago depravado durante meses para qué, para que hiciera lo mismo que con las otras mujeres que tuvo en esa casa. Todas salieron de allí con sus hijos abusados, esa es la pura verdad”, afirmaron.
En tanto, para graficar sus dichos Carolina Ch. una joven mamá, contó cómo el sujeto abusó de su hija de 11 años “con el cuento” de que la acompañaba a comprar golosinas. “Yo lo hice meter preso, pero ya ves, otra vez en la vía”, dijo.
Analía Salva, que atiende el comedor comunitario, aseguró que el sujeto dictaba clases de folclore en la sede del centro vecinal y que las quejas de las mamás por los abusos del sujeto con las niñas hicieron levantar los talleres. “Lo corrimos, está muy enfermo”, afirmó. 
Su expareja mostrando fotos familiares, relató: “No pudo entrar a la Policía (exhibió una foto cuando era aspirante), porque se mandó también una chanchada sexual no sé dónde junto con otro aspirante que pretendía llegar a la fuerza”. 
Así pintaron ayer al sujeto que echó a su familia a la calle.

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