Ataque químico en Siria: el desgarrador abrazo de un padre a sus hijos gemelos muertos

Periodistas | 6.4.17 |

Al-Youssef abrazó a sus hijos por última vez, antes de dejarlos tendidos en la tierra; una imagen que ahora se ha convertido en un símbolo del horror de la guerra, uno más. Aparte de un moretón en la mejilla de Ahmad, los bebés no presentaban ni marcas ni heridas. "Los ataques químicos no dejan señales", explica Mamoun Najem, médico en el hospital, en Idlib.

Abdulhamid al-Youssef llora en forma desconsolada mientras abraza los cuerpos sin vida de sus hijos, dos bebés gemelos envueltos en unas mantas blancas. Ahmad and Aya, de nueve meses, murieron en la mañana del martes, durante el ataque químico que asoló Khan Sheikhoun, en Idlib, al norte Siria. La tragedia también le ha arrebatado a su mujer y a otros 16 miembros de su familia. Al-Youssef los ha enterrado a todos este miércoles en una fosa común.
Según cuenta el diario británico The Telegraph, el hombre, de 29 años, estaba trabajando cuando el ataque golpeó su ciudad, poco después de las 6.30 horas. En cuanto su esposa le llamó para contarle lo que estaba pasando, él acudió corriendo a su casa para estar con su familia. Todos parecían estar bien, pero, por precaución, se desplazaron juntos al sótano de un edificio cercano; un lugar más seguro si se producía otro ataque. Sin embargo, una hora después, la salud de los familiares de Al-Youssef empezó a deteriorarse.
Alaa, primo de Al-Youssef’s relata: "De repente, los gemelos comenzaron a tener dificultades para respirar. Entonces, [Al-Youssef] vio que los gases también habían afectado a su mujer, a su hermano y sus sobrinos. Todos murieron en el sótano, no les dio tiempo a acudir al hospital".
Al-Youssef abrazó a sus hijos por última vez, antes de dejarlos tendidos en la tierra; una imagen que ahora se ha convertido en un símbolo del horror de la guerra, uno más. Aparte de un moretón en la mejilla de Ahmad, los bebés no presentaban ni marcas ni heridas. "Los ataques químicos no dejan señales", explica Mamoun Najem, médico en el hospital, en Idlib.
"Estos gases son asesinos silenciosos que trabajan en el cuerpo lentamente». Él vio cómo decenas de pacientes llegaban desde la mañana hasta la tarde. Nunca había atendido este tipo de casos de envenenamiento antes. «Sus pupilas eran tan pequeñas como cabezas de alfileres, su piel estaba muy fría. Eran inexpresivos como zombies", cuenta el doctor.
Una enfermera del hospital explica a The Telegraph: "Tras el ataque, un olor raro se metió en el hospital, como de carne podrida. Era un caso totalmente diferente a todo lo que había visto hasta entonces. Las víctimas vomitaban un líquido amarillo oscuro, a veces marrón. La capacidad respiratoria mermaba. Los niños morían más rápido que los mayores".
El balance de víctimas mortales del ataque químico, confirmado por este jueves por Turquía, ascendió este miércoles a 86, entre ellas 30 niños, según ha informado el Observatorio Sirio por los Derechos Humanos.

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