Se Reorganiza el acampe Indígena Frente a Desarrollo Social

Periodistas | 22.2.17 |

En las últimas horas del domingo 19 de febrero representantes de 7 Etnias de la región noreste de la Provincia de Salta –wichí, toba, guaraní, pilagá, chorote, tapiete y chulupí-  se dispusieron a refundar el emblemático acampe indígena que lidero Félix Díaz  durante el Gobierno de Cristina Kirchner.
Aunque el contexto parece ser otro, ya que en esta ocasión se disponen a que  Félix Díaz medie, como presidente del Consejo Consultivo y Participativo de los Pueblos Indígenas,  de la Secretaría de los Derechos Humanos,  para que los distintos organismos del estado nacional atiendan sus demandas, lo cierto es que las demandas son las mismas demandas que sostuvieron durante el acampe liderado por Félix: el reconocimiento y la titularidad legal de las tierras. 
Para Gabriel Espinoza, Cacique de una de las comunidades Tobas situadas a pocos kilómetros de la ruta 86 y dirigente del actual acampe, el reconocimiento jurídico prometido por la ley 26.160 el principal reclamo a atender para poder intervenir en la situación dramática que se vive en la región. Para el grupo que sostiene el acampe, el reconocimiento legal de las tierras es estratégico ya que permite a los propios indígenas avanzar con la gestión de otras demandas como lo son los planes de vivienda e infraestructura para cloacas y agua potable que aún no han llegado jamás a estas comunidades. Entre el conjunto de reclamos que sostienen, se suman el derecho a acceder a planes como el “plan argentina trabaja” a los que no han accedido aun remarcan enfáticamente los 7 representantes. También reclaman la modificación en la edad mínima de los 18 años para acceder al plan universal por hijo, ya que muchos jóvenes de estas comunidade son padres antes de cumplir dicha edad.
Las diferentes comunidades indígenas emplazadas en lo que se conoce como la región del gran chaco han sido fuertemente impactadas por que se define como un desplazamiento de la frontera agropecuaria centrada en la actividad agrícola a gran escala que desde los años 70 ha ido intensificando su producción, principalmente la que refiere al monocultivo de soja, limitando fuertemente el acceso a recursos que han sido históricamente vitales para la subsistencia en estas poblaciones.
La problemática de los diferentes pueblos indígenas de nuestro país y los reclamos por tierra y territorios deben comprenderse en términos de trayectoria histórica. Dentro de esta trayectoria, para el caso de los pueblos del Gran Chaco, se puede advertir que es para las primeras décadas de conformación del Estado Nacional que los mismos fueron incorporados a la economía capitalista como mano de obra estacional y precaria para el desarrollo de las actividades extractivas. En este proceso los pueblos del gran chaco fueron configurando prácticas de economías mixtas para la subsistencia, basadas en el trabajo asalariado precario y estacional ya mencionado, en combinación con el sostenimiento de actividades de caza y recolección, pesca y  cultivo que permitíron complementar los recursos mínimos y necesarios para la subsistencia.  En el marco del nuevo avance de la frontera agraria, proceso que comienza de forma paulatina a partir de 1970 tomando un ritmo de crecimiento más acelerado a partir de 1990, y alcanzando niveles inéditos en la década siguiente con relación a la tala de bosques, se limitó significativamente la capacidad de sostener la economía de subsistencia mencionada. Por un lado el acceso al empleo temporal disminuyó debido a que el proceso de producción agrario actual fuertemente mecanizado, -especialmente la producción intensiva de soja- requirió de menor mano de obra y mayor superficie. Por otro lado las actividades de caza, pesca   recolección, y cultivos- como prácticas que pervivieron en torno a una economía de subsistencia producida como estrategia adaptativa en la economía capitalista- se vieron fuertemente afectadas en las últimas décadas, provocando una necesaria reducción de las mismas. La actividad artesanal que contribuyó a sumar recursos monetarios a sus economías familiares, se vio también afectada por la pérdida de acceso a la madera. La madera en las comunidades indígenas de la región representa no sólo un insumo para la producción artesanal, sino también un insumo para cocción de alimentos y calefacción. Estas condiciones han impulsado una revalorización de la lucha por la tierra y por el territorio y a una revalorización de sus  prácticas ancestrales a los que se suman reclamos educativos y de atención de la salud que se expresan en los programas políticos de los pueblos indígenas del presente.   
El ingreso de estos pueblos a la económica capitalista ha estado fuertemente marcada por una profunda desigualdad social, cultural y económica y se ha realizado en el marco de procesos de conquistas, de esclavización y de expropiación de tierras y de masacres.  Lejos de mermar este proceso se ha continuado de la mano del desarrollo del capitalismo haciendo insostenibles las condiciones de vida en las comunidades indígenas. Esto se expresa en el crecimiento de los casos de desnutrición, tuberculosis, Chagas y diferentes enfermedades congénitas y también como denuncian los referentes indígenas en el incremento de problemáticas de adicción, alcoholismo  y suicidios.
Estas condiciones son las que impulsan este acampe, entendido como respuesta y como medio de visibilizacion de sus problemáticas y para fortalecimiento de las luchas y de las organizaciones indígenas.
En este escenario es que debemos comprender los reclamos por la tierra y los derechos territoritoriales que configuran el principal programa político de los pueblos y movimientos sociales indígenas del presente. Al igual que los compañeros de AGR, la difusión en las redes sociales permitirá fortalecer la lucha!

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