La pobreza en el NOA cuadriplica a la del centro del país, según Unicef

Radio NOA | 23.10.16 |

Sebastián Waisgrais, especialista en monitoreo e inclusión social de la organización, dijo a LA GACETA que si no se invierte más en la región, las desigualdades seguirán profundizándose.

Hace días el Instituto Nacional de Estadística y Censos dio a conocer una preocupante cifra de pobreza en el país (32,2%) después de tres años de no publicarse este dato, la información alertó y preocupó a todos los sectores del país. No muy lejos estuvo también el porcentaje que obtuvo Unicef de Argentina, a través de mediciones multidimensionales.
“Nos dio en promedio nacional un 30%, con muchas diferencias regionales. En el NOA y NEA las probabilidades de estar en la pobreza eran cuatro veces mayores que en la ciudad de Buenos Aires”, informó a LA GACETA, Sebastián Waisgrais, especialista en monitoreo e inclusión social del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
En diálogo con este medio, el especialista consideró necesario invertir mucho más en las regiones más postergadas como las del norte del país, donde la situación de pobreza es “histórica”. Habló sobre los desafíos del gobierno nacional y provincial, y articularmente del Ministerio de Primera Infancia, el cual debe pasar “de estar relevando mucha información de zonas de mucha vulnerabilidad  de Salta a dar respuestas concretas”, según señaló.
¿Por qué la pobreza en las provincias del norte considera que son más profundas que la del centro o sur del país?
Históricamente la situación socioeconómica en general y en particular de  la niñez fue más grave en el norte del país (en el NEA y el NOA) que en la región centro, la ciudad de Buenos Aires y en el sur del país. Hay varias cuestiones. Una explicación en primer lugar es demográfica: las provincias del centro y el sur tienen una menor densidad demográfica y menor porcentaje de niños que las provincias del norte. La segunda cuestión es que a medida que las familias tienen más hijos son menores los recursos para repartir entre los miembros.
La tercer cuestión es también estructural, la más multidimensional, referida a las necesidades básicas asociado a temas  más duros como el acceso al agua, a saneamiento, infraestructura, etcétera. Históricamente  también tuvo un déficit en el norte del país. Y por último plantearía un tema de recursos, lamentablemente eso implica tener discusión en cuanto a lo que se coparticipa. Las provincias del norte tienen muchísima dependencia de recursos de la Nación por temas vinculados  a las propias economías regionales, que además son muy impactadas por las diferentes crisis, y tienen menores capacidades de generar recursos y  empleos. Todos estos factores, más algunos otros, hacen que la situación de pobreza en el norte del país sea más preocupante.
En este punto, hizo un paréntesis y aclaró:
Esto no implica que no haya que invertir, o invertir menos, en las provincias más aventajadas. El tema es que para lograr niveles de convergencia, es decir que para que Salta, o Tucumán, logren los  promedios nacionales, si no se invierte mucho más se va a tardar muchísimos más años para que esa convergencia se produzca; vamos a seguir teniendo desigualdades, desigualdades en los indicadores, en la mortalidad infantil, en el acceso a bienes y servicios, en torno a los indicadores de salud y educación, etcétera.
¿En cuánto tiempo se podría reducir la pobreza considerablemente?
Nosotros hicimos un cálculo para el total del país y lo hicimos pensando que si no sucede nada y todo se mantiene como está, de acá al 2030 la economía, su promedio nacional, tiene que crecer un 3% todos los años para ir reduciendo los niveles de pobreza a valores muchos menores y algunos podrán reducir la indigencia. Para que eso suceda las provincias del norte todavía tienen que crecer más, tienen que invertir más. La cuestión de fondo es en términos de políticas. Habría que redistribuir mayores recursos en términos de programas de protección social, de empleo, inversión en infraestructuras, algunas de las cuestiones que están previstas en el Plan Belgrano en las provincias del norte, para llegar en 15 años a reducir por lo menos la indigencia que es lo más grave, esa pobreza extrema.  
¿Cuánto tiene de impacto, o no, lo cultural en la pobreza?
Cuando nos enfrentamos a la pobreza es difícil poder explicarla desde un solo fenómeno. Si pienso lo cultural puede tener cierta relevancia, pero es un fenómeno más y después tenés otros  aspectos más, hay hechos sociales y políticos. Frente a estas cuestiones del interior profundo uno tiene que plantear otro  abordaje. Más allá que el factor cultural pueda estar presente,  es necesidad que el Estado, con sus políticas públicas, intervenga para poder acercarse y poder derribar barreras culturales en el caso que haya. Es una necesidad porque si no nos quedamos en que es lo cultural y que esto no se cambia y no tiene solución.
Sabe que en Salta se creó un Ministerio de Primera Infancia para trabajar problemáticas de los más chicos, ¿qué opina de este y su trabajo?
Usualmente las áreas de niñez o adolescencia en la Argentina son direcciones provinciales o nacionales, o en el mejor de los casos son secretarías de estado, y esto explica diferentes niveles de presupuesto. A medida que avanza en rango ministerial tienen capacidad de tener mayores recursos. Con lo cual nos parecía buena medida de definir en un rango ministerial la primera infancia
Igualmente, siendo una buena noticia, el desafío que tiene es pasar de ser un ministerio que está relevando mucha información de zonas de mucha vulnerabilidad de Salta a dar respuestas concretas.  Este es el click que hay que dar para que efectivamente esa información se convierta en un mayor bienestar de las personas. Eso además requiere, por otro lado, la articulación con el gobierno nacional. El desafío en definitiva es la respuesta de la política. Es una buena iniciativa, ahora hay que generar cambios.
¿Y en esta búsqueda de erradicar la pobreza, cuánto ayuda la Asignación Universal por Hijo (AUH)?
La asignación universal fue una gran política en términos de sostenimiento de ingresos familiares en situaciones de mayor vulnerabilidad. En los primeros años de la AUH el impacto que tuvo en los casos de pobreza más extrema fue evidente y fue medible. Nosotros lo observamos y en ese sentido fue buena medida.
Pero, en alguna media necesita hoy una revisión para poder generar nuevos cambios. Por ejemplo, a nivel nacional hay casi 1.500.000 de chicos que son elegibles para cobrar la asignación. Estarían en condición, pero no lo están cobrando, por un montón de motivos porque son chicos que viven en zonas alejadas, en poblaciones indígenas, en algunos casos ni saben que existe la asignación, y no la están cobrando los chicos muy chiquititos cuyas familias tardan uno o dos años en tener el documento, con lo cual no pueden cobrar. También no la están cobrando los adolescentes que quedan fuera del sistema educativo, porque pierden el beneficio de la AHU.
Quizás debamos duplicar la AUH y, obviamente, esto tiene costos fiscales importantes. Pero alguna revisión después de años de inflación se necesita. Y en segundo lugar tiene que evaluarse esa corresponsabilidad, que no está funcionado, y estaba bien pensado, el pago de una prestación por ir al colegio. Lo que sucede es que la escuela sigue siendo expulsiva, hay tasas de abandono que todavía están muy elevadas. Entonces  corremos el riesgo de terminar penalizando a los chicos que están en peor situación. Es una discusión que genera muchas posiciones, pero requiere abrir el debate sobre esta obligatoriedad de los chicos.
¿Cuáles fueron los resultados que obtuvieron en pobreza infantil en el país y sus diferencias regionales?
Los datos marcan que la cantidad de chicos que están en mayor riesgo de vulneración de derechos están localizados en gran medida en el norte del país, al menos en términos porcentuales, no en términos absolutos. En pobreza, a principio de año, tomamos 28 indicadores vinculados a trabajo infantil, vivienda, características de la vivienda, violencia, agua, saneamiento, etcétera. Nos dio en promedio nacional un 30%, con muchas diferencias en el NOA y NEA, donde las probabilidades de  estar en la pobreza eran 4 veces mayores que en la ciudad de Buenos Aires.
Estos son los valores que tenemos de pobreza multidimensional. Los valores que acaba de sacar el Indec que son vinculados a la pobreza monetaria, basados en una canasta básica que está valorada aproximadamente en 12 mil pesos por familia, también están al torno del 32%. Pero esto hay que mirarlo con mayor cautela porque está muy influenciado por los niveles de inflación que tenemos. Una de las diferencias que tenemos es que, por ejemplo, si el año que vine todo va muy bien y los niveles de inflación se reducen considerablemente, por ende se va reducir la pobreza monetaria, pero no necesariamente se va a reducir esa pobreza multidimensional que implica vivienda, implica agua, saneamiento, educación que son esos cambios culturales y cambios de comportamiento.
Por eso desde Unicef estamos promoviendo como principal  medida para poder  implementar políticas que la medición de pobreza multidimensional sea rutinaria en las estadísticas públicas.

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