NACIO SIN BRAZOS PERO DA CLASES PARTICULARES DE MATEMATICA Y FISICA

Radio NOA | 5.2.16 |

A pesar de su problema físico, el oranense Eduardo Zuñiga hizo una vida normal. Hoy da clases particulares de matemática. Todo un ejemplo  Eduardo Zuñiga es, sin dudas, un gran hombre. Nació en Orán un 26 diciembre de 1980 en el seno de una modesta familia.


Sus padres Víctor Zuñiga y Ramona Quiroz tuvieron que enfrentar, en plenos festejos navideños, un momento muy duro al enterarse de que su hijo no tenía brazos.  

Eduardo, a quien le dicen “Yayo”, tuvo una infancia feliz. Sus padres lo educaron como una persona normal y nunca lo trataron como a alguien que tenía una discapacidad. Esto fue fundamental para fortalecer su autoconfianza cuando era pequeño.  

Con el tiempo llegó el momento de ir a la escuela, pero los directivos del establecimiento Gemes, de Orán, le sugirieron a los padres de Eduardo que lo inscribiesen en una escuela especial, al suponer que su discapacidad física venía de la mano de algún impedimento mental.

Pero los padres del joven confiaban plenamente en él e insistieron tanto para que lo acepten en la escuela. Finalmente, las autoridades lo sometieron a una evaluación que no solo contemplaba contenidos académicos: “Me hicieron prender y desprender la camisa y el cinto, para demostrar que era un niño físicamente independiente a pesar de no tener mis brazos”, recuerda Yayo.  A pesar de todos sus obstáculos, el joven afirma que fue “un niño feliz, siempre sentí que mis amigos no me miraban con otros ojos, al contrario me sentí siempre cuidado”.

Luchar por los sueños  Una vez terminado el colegio secundario, Eduardo emprendió sus estudios terciarios. Hoy, mientras termina el Profesorado de Física y Matemática se gana la vida preparando alumnos particulares e ingresantes a la universidad o a Gendarmería. 

Da clases en el centro vecinal del barrio Güemes, su barrio natal, el que lo vio crecer y superarse a pesar de su discapacidad. “Nunca pienso en lo que no tengo, Dios y la Virgen están siempre conmigo, no puedo pedir nada más”, remarca.  Laboralmente realizado, Eduardo encontró el amor en Sara Cerrizuela, una joven de Pichanal que convive con él hace mas de cinco años y con quien tuvo dos hijos: Joaquín, de cinco años y la pequeña Guadalupe, de 11 meses: “Mis hijos son los brazos que no tengo”, asegura.  En su tiempo libre, Yayo disfruta de su familia, pasea con sus hijos y juega con ellos.  Eduardo encontró su fortaleza en Dios: “Nos ayuda a todos por igual, yo sé que si él me mandó así al mundo, es por algo”.  “Todos tenemos problemas, no me digan que no pueden, con Dios todo se puede”, finaliza.

Fuente: El tribuno

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