En oran tambien ratificaron el pacto de fidelidad del milagro

Radio NOA | 14:14:00 | 0 comentarios

Con un marco muy importante de concurrentes, ayer los fieles del Señor y la Virgen del Milagro, ratificaron su pacto de fidelidad luego de la misa realizada frente al Hospital San Vicente de Paúl.

La misa estuvo celebrada por el Obispo Gustavo Zancheta, junto a los sacerdotes de la ciudad, quien, durante su homilía volvió a insistir a toda la clase política y a la comunidad con su frase “hagan lo que tienen que hacer”

Hemos llegado a las puertas de nuestro Hospital “San Vicente de Paul” peregrinando con las santas imágenes del Señor y la Virgen del Milagro custodiadas en la Parroquia San Antonio.
Venimos con fe y gratitud a celebrar la fiesta mayor de todos los salteños y a renovar nuestro pacto de fidelidad. Por eso nuestro corazón vibra de fe, y como nuestros antepasados llevamos a cabo un acto solemne que bien reflejan estas palabras: “Señor, tú eres nuestro y nosotros somos tuyos”.
La palabra de Dios nos interpela como pueblo fiel que sabe ponerse de rodillas frente a su único Señor y sabe venerar a su Santa Madre con honda gratitud por la protección recibida.
El profeta Jeremías nos vuelve a hacer presente la expresa voluntad de Dios de que seamos un pueblo cohesionado, y que esa unidad, aunque seamos distintos los unos de los otros, no se sustente ni en ideologías, ni en liderazgos mundanos y menos en banderías políticas, sino en el Señor, nuestro Dios, que nos sigue repitiendo: “Les daré un corazón para que me conozcan a mí, que soy el Señor; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, porque volverán a mí de todo corazón” (Jer 24,7).
Por eso hermanos, seamos conscientes de que hoy y siempre será el Señor el que tome
la iniciativa para que caminemos con Él. Y ese vínculo que en la fe hoy renovamos como el pacto más sagrado de todos los salteños no es para olvidarlo mañana, sino para honrarlo con toda nuestra vida. Porque cuando un cristiano da su palabra la cumple. Y porque ya demasiadas infidelidades a la palabra empeñada hemos cometido hoy venimos de rodillas ante el Señor del Milagro a tenderle nuestra mano agradecida y a decirle que nos perdone, porque queremos volver a empezar.
El apóstol San Pablo, en la segunda lectura, nos ayuda a entender el querer de Dios para su pueblo fiel. Nos anima a no sustentar la propia existencia con los criterios del mundo, cuya sabiduría es limitada y tantas veces interesada según las conveniencias. En todo caso nos invita el apóstol a elegir un criterio de vida que contradice la lógica mundana, tan calculadora que siempre ahonda las diferencias y que tanto perjudica al más débil, porque “la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres” (1Co 1,25).
Y en el evangelio proclamado hoy encontramos la llave que nos abre a la verdadera Vida, siempre y cuando no nos apeguemos a lo que no vale la pena, ya que el Señor nos invita a correr el riesgo de seguirlo hasta la cruz, renunciando al triunfalismo y aprendiendo a perder hoy para ganar mañana: “El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la vida eterna” (Jn 12,25).
Muchos son los apegos a esta vida. No se trata de cuestiones materiales sino de aferrarnos en demasía a los criterios mundanos donde el exitoso es el que tiene y el que puede, donde se premia al poderoso pero siempre a costa del más débil, del que no tiene, del que no puede.
Nuestros antepasados aprendieron la lección. Y aquellos terremotos sucesivos que azotaron nuestra Salta fueron una prueba elocuente de que la vida no puede sostenerse con criterios humanos, y que la verdadera Vida no depende de nosotros sino del Señor Jesús, que en lugar de proponernos la limitada sabiduría del mundo - que siempre pone el poder como la meta más grande a alcanzar en todos los niveles - nos invita a ofrecer la vida y a seguirlo con otros criterios. Por eso nos dice: “El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor” (Jn 12,26a).
Hermanos, si queremos servir al Señor tenemos que saber seguirlo y encontrarlo a tiempo. Estará ciertamente escondido en el misterio de la oración silenciosa, o guardado en el sagrario de una iglesia esperándonos detrás de una tenue lucecita que nos indica la Divina Presencia. Estará en las páginas de una Biblia, no como adorno en un estante sino como Palabra de vida que sólo espera ser escuchada. Estará en el altar vivo y realmente presente tras la apariencia de un pan y una copa de vino. Lo hallaremos de la mano de su Santísima Madre a través del rezo del rosario cotidiano. Estará en las manos de un sacerdote para darnos el agua nueva del bautismo, o perdonar nuestros pecados, o ungirnos con el óleo santo en la noche del dolor.
Y también lo encontraremos en el niño que dejamos nacer, en el amor de los esposos, en el entregarse diariamente para hacer felices a sus hijos. Estará en la madre soltera que no sabe cómo hacer para multiplicarse pero que sabe dar amor a sus hijos desviviéndose por ellos.
Estará en el rostro cansado de nuestros abuelos que siguen luchando para mantener unida la familia. Estará en cada hogar, por humilde que sea, siempre que exista un gesto de amor, de ternura y de comprensión.
Pero también sabemos que lo vamos a encontrar pobre y crucificado por nuestras infidelidades como pueblo. Por eso si seguimos a Jesús y queremos servirlo hemos de mirar bien, sobre todo donde la sociedad descarta u olvida, ningunea o ignora, margina y excluye, allí donde nadie quiere mirar. Porque la realidad se impone por sí misma, no se la gesta con el relato de los oportunistas o de los corruptos que abusan del poder que les fue delegado temporalmente para servir a los demás y no para sacar ventajas personales.
Sí hermanos, el Señor Jesús es matado cuando le negamos a un ser humano el derecho a vivir. Está ahí tirado muriendo lentamente en los jóvenes que se drogan porque algunos se llenan los bolsillos y otros nos llenan de respuestas que no son tales, sino viles excusas que ocultan ambiciones desmedidas. Está agonizando lentamente por desnutrición en los niños de los pueblos originarios porque todavía como sociedad no los hemos aceptado, y no sabemos o no queremos ponernos de acuerdo para hacer lo que hay que hacer. Está ahí olvidado en muchos ancianos a quienes descartamos y les damos la espalda porque nos convencemos de que ya cumplieron su ciclo…como si fueran una cosa. Está sufriendo en el rostro de los pobres que golpean la puerta de casa, en los que no tienen más alternativa que esperar su turno aunque haya una emergencia, en aquellos que sólo pueden festejar con lo que otros tiran.
Por eso, hermanos, pidamos hoy a la Virgen del Milagro que tengamos el coraje suficiente para hacer entre todos los cambios que nuestra sociedad necesita. Para que nuestro pacto de fidelidad con el Señor del Milagro no sea una formalidad y mucho menos un acto de hipocresía maquillado de sana tradición.
Y porque seguimos esperando otros milagros queremos ponernos a disposición del Señor para colaborar con su proyecto. Y así como pedimos el milagro de la paz en el mundo, que desaparezca el hambre y la miseria, la inequidad y la exclusión social, la corrupción y la mentira, o que se tomen las decisiones que todos reclamamos para frenar el avance del narcotráfico en este norte de Salta, comprometámonos ahora solemnemente delante de Dios a luchar por la justicia, auténtico rostro de la verdad, para que podamos decir de corazón aquello que hoy lo consideramos un deber de conciencia, y que lo expresamos en este pacto de amor que no queremos callar y menos olvidar: “Señor, tu eres nuestro, y nosotros somos tuyos”. Que así sea.
Fotos: Victor Rueda fotografo
Fuente: Fm noticias

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